Silvio, el demente que da luz
Con un paso marcial, cual soldado en plenas condiciones se puede ver su figura. Esa figura que anda por las calles de Vereda Nueva, Caimito o San Antonio de los Baños. Siempre educado, con un saludo cordial para los que tropieza en el camino. Pidiendo agua en cualquier casa, con preguntas para no aburrirse, preocupado por los enfermos y solidario con los que padecen. Su rostro desgastado por los años siempre regala una mirada tierna que se pierde, allá, en lo profundo de su ser. Escasos son los dientes en su boca, diamantes manchados que matizan una sonrisa ingenua como si fuese un niño. Así es Silvio, sencillo y humilde, un hombre que quedó en el tiempo. Desde la primera edad escolar se vio dotado de inteligencia, aplicado estudiante y fiel lector de cuanto texto llegaba sus manos. Después de haber estudiado hasta el duodécimo grado en la Facultad Obrera Campesina y tener un trabajo fijo en la textilera Ariguanabo, allí, continuaba los estudios y hacía tela en las...